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Importancia de la dirección Espiritual

 

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¿Es Necesaria la dirección espiritual?

¿Cómo beneficiarse de la dirección?

 

 

 

 

 

¿Es Necesaria la dirección espiritual?

Hablando con propiedad, la dirección espiritual no es necesaria para el cristiano corriente; pero ahi donde hay una vocación o misión especial, un mínimo de dirección si se requiere por la naturaleza misma de tal vocación. Aclaremos esto.

En primer lugar consideremos, brevemente, la situación de la dirección en la vida corriente de un cristiano seglar. En realidad, los contactos normales del creyente con su párroco y confesor son suficientes para cuidar sus necesidades; pero, naturalmente, esto supone que sea conocido por su párroco y que tenga un confesor regular.

En una gran parroquia donde los contactos con el sacerdote pueden quizá ser escasos o casi inexistentes, realmente, se debe al menos tener un confesor regular a quien se haga uno conocer, aunque no sea formal y abiertamente un << director espiritual >>.

La razón de esto es que la confesión lleva a algo de dirección espiritual. El confesor está obligado a instruir y dirigir al penitente, por lo menos hasta el punto en que esto sea necesario para un recibimiento fructífero del sacramento de la penitencia. Sin embargo, cuando se ha adquirido el hábito de pecar gravemente, se necesitan consejos y advertencias especiales si es que el penitente va a dar los pasos eficaces para evitar el pecado.

Sin embargo no es fácil encontrar directores espirituales incluso en la vida religiosa. Aunque se encontraran varios sacerdotes cerca, ello no significara que todos fueran idódenos para <<directores>>. La escasez de buenos directores espirituales para religiosos quizás pueda explicar la magnitud de los problemas de ciertas comunidades.

En todo momento la dirección espiritual tanto para laicos como para religiosos es de gran valor; pues, aunque pueda no ser absolutamente necesaria, sí es siempre útil. En muchos casos, la ausencia de dirección puede significar la diferencia entre santidad y mediocridad en la vida religiosa. Naturalmente, el que buscó una dirección y no la encontró no será responsable de su falta, y el mismo Dios, a su manera, suplirá en el alma lo que necesita.

Hemos dicho que los buenos directores escasean. Esto, en efecto, es algo muy importante. Si en realidad queremos directores espirituales para nuestras comunidades, busquémoslos; al menos ¡podemos pedir por esa intención!

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¿Cómo beneficiarse de la dirección?

Dejando el problema apremiante, supongamos que se ha encontrado un director. ¿Cómo poder aprovechar al máximo esa gracia? En prime lugar, aquellos que tienen una dirección espiritual regular deben darse cuenta de que esto es un don de Dios y, aunque no estuviesen completamente satisfechos, tendran que reconocer humildemente el hecho de que disfrutan de alguna dirección.

Esto les permitirá aprovecharse de lo que poseen y, quizá desde un punto de vista sobrenatural, podrán ver que están mejor de lo que creían. La gratitud les hará mas atentos a la dirección que reciben y armonizarán su fe con posibilidades que habían pasado por alto. Incluso si su director no es otro san Benito o san Juan de la Cruz, puede que se den cuenta de que, no obstante, él les habla en nombre de Cristo, y actúa como su instrumento para sus vidas.

¿Que es lo que nosotros, normalmente, tenemos derecho a esperar del director espiritual? Ciertamente es algo que ayuda mucho, pero no debemos imaginar que hace milagros.

Algunas personas y, precisamente algunos religiosos que deberían saberlo mejor, creen poder encontrar un director espiritual que con unas palabras hiciera desvanecer todos sus problemas. No buscan un director sino un productor-de-milagros.

Es verdad que con harta frecuencia dependemos de otros para resolver nuestros problemas que prodríamos resolver nosotros mismos, no tanto por nuestra sabiduría cuanto por la generosidad para enfrentarnos con hechos y obligaciones que representan para nosotros la voluntad de Dios, pues la naturaleza humana es débil y la ayuda amable o el consejo sabio de alguien en quien confiamos nos permite con frecuencia aceptar mucho mejor lo que sabíamos, pero es una gran cosa si nos ayuda a superar nuestras vacilaciones y a fortalecer nuestra generosidad en el servicio del Señor; y en muchos casos, un director nos revelará cosas que hasta ese momento habíamos sido incapaces de ver aunque las teníamos delante de los ojos.

 

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Por: Thomas Merton, tomado de: Meditación y Contemplación

 

 

 

 

 

   
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