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La Lectio Divina

 

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ALIMENTARSE DE LA PALABRA MEDIANTE LA LECTIO DIVINA  
 

La  Palabra de Dios es alimento para nuestra vida cristiana en la medida que aprendemos a escucharla. Uno se alimenta de la Palabra cuando la escucha y cuando la practica. El pan de la Palabra y el pan de la Eucaristía son alimentos indispensables en nuestro seguimiento del Señor como discípulos, alimentos para el hoy de nuestras vidas que nos conducen hasta la vida eterna.  

Para que sea así debemos “comer la Palabra” y el ejercicio de lectura orante llamada Lectio divina nos ayudará a ello.

Para alimentarnos de la Palabra tengamos en cuenta lo siguiente:  

  1. Disposiciones para escuchar la Palabra.
  2. Invocación al Espíritu Santo
  3. El alimento de la Palabra mediante la Lectio divina.
 
EL ALIMENTO DE LA PALABRA

PASO 1: Disposiciones para escuchar la Palabra 
 
 
 
Cuando entramos en comunión con el Señor a través de su Palabra viva y eficaz debemos -como Moisés- “sacarnos las sandalias de los pies” (Ex 3,5), es decir, despojarnos de todo cuanto impida una comunicación viva con Dios. El alimento de la Palabra nos pide tener, como Moisés, un profundo respeto ante la presencia real del Señor que sale a nuestro encuentro por su Palabra. Nos invita a creer en lo que nos dice y, para que esto sea posible, crear en nosotros y entre nosotros un clima de oración propicio para la escucha.  

Las dos siguientes orientaciones nos ayudarán: 

Si es un ambiente grupal, la primera invitación es a sacarse los zapatos porque están entrando a “tierra sagrada” y a vaciar sus bolsillos para despojarnos de todo aquello que es innecesario para orar. 

  • El ambiente externo para el alimento de la Palabra

Una comida celebrativa o una cena especial nos exigen una preocupación especial no sólo por preparar muy bien los alimentos, sino también por tener un ambiente adecuado para hacer de este encuentro un momento de alegría y comunión. Algo semejante nos ocurre cuando tenemos que alimentarnos con el pan de la Palabra.

  • Así como las cenas importantes no las hacemos en cualquier lugar, busquemos un lugar apropiado para sumergirnos en una lectura orante lejos de los ruidos habituales, fuera de las urgencias que impone la vida: ¡hay que darse tiempo y un corazón con ganas de escuchar a Dios!

  • Así como adornamos nuestras casas para un invitado especial, así también ambientemos el lugar donde nos vamos a reunir para escuchar a Jesús: velas, ambón para poner una Biblia abierta, flores, aguayo, alguna frase alusiva…
  • Así como pensamos en los detalles de nuestra comida importante así también pensemos en todo aquello que debemos tener para alimentarnos con el pan de la Palabra: preparar el encuentro llevando el texto leído, los cantos que vamos a emplear, tener más Nuevos Testamentos…, es decir, seamos creativos para que todos nos ayude a que el alimento de la Palabra nos anime y guíe.

* Ambiente interno para el alimento de la Palabra

El ambiente interno, el del corazón que escucha, se prepara saliendo de los ruidos personales que estorban nuestro encuentro con Jesús vivo. Para esto, debo tomar clara conciencia a lo que voy, pedir el don del Espíritu, cerrar nuestros ojos por unos momentos para abrir los ojos de la fe y recibir la Palabra como Palabra de Jesús: ¡cuando se ama de verdad, se escucha de verdad!  

PASO 2: Invocación al Espíritu Santo 

En nuestra preparación para recibir el alimento de la Palabra hay un protagonista fundamental: ¡El Espíritu Santo!  

Todo encuentro con la Palabra parte por la invocación del Espíritu Santo, porque es Él quien abre nuestra inteligencia para comprender lo que Dios quiere comunicarnos, y es él quien nos fortalece para hacer realidad el querer de Dios en nuestra vida cotidiana.  

Se trata de pedir el mismo Espíritu que descendió sobre los apóstoles, haciendo posible su comprensión y aceptación de Jesús (Jn 16,13). Él viene sobre nosotros para que la Palabra sea engendradora de vida y verdad.  

Lo que buscamos es vivir una lectura orante de la Palabra de “manera espiritual”, es decir, bajo la acción sabia del Espíritu, el mismo que inspiró a los autores de la Biblia. Sin la asistencia del Espíritu, la lectura de la Biblia se transforma en un ejercicio intelectual, un indagar la letra escrita quedándose en detalles, sin llegar al mensaje de Dios que el texto contiene.

 
Invoquemos al Espíritu Santo

para que él se derrame sobre nosotros

y nos haga criaturas nuevas a imagen de Jesús,

capaces de amar, creer y esperar. 


PASO 3: El alimento de la Palabra mediante la Lectio divina 
 
 
 La Lectio divina es un método de lectura orante de la Palabra de Dios. Porque es “lectura” buscamos comprender el texto para descubrir el mensaje de Jesús, y porque es “orante” entramos en diálogo con Jesús dejando que su mensaje nos anime y guíe. Un “método” es simplemente un camino gracias al cual llegamos a nuestra meta o destino.  

Si la meta es el encuentro personal y comunitario con Jesucristo vivo, Palabra plena y definitiva del Padre, entonces un buen método o camino nos debe ayudar a conseguir esa meta. A esto nos ayuda la Lectio divina con sus cuatro pasos de lectura, meditación, oración y contemplación

Se trata de cuatro actitudes básicas del discípulo que, porque anhela seguir al Señor, se sienta a los pies de su Maestro para escuchar su Palabra (Lc 10,39). Esta disposición de escucha lo lleva a comprender la Palabra (Lectura), a hacerla realidad en su vida (Meditación), a suplicar fuerza y luz para seguir el camino de Jesús y a dar gracias por su obra en la Iglesia (Oración), y a impregnarse del Reino de Dios y a trabajar por su venida (Contemplación). 

Recordemos que la Lectio divina es una lectura atenta de la Sagrada Escritura como la de un discípulo pendiente a no perder ninguna palabra de su maestro. Esta lectura prepara la conversión, pues la Biblia es “como un espejo” que pone al descubierto nuestras incoherencias y disfraces, porque es camino de revelación de Jesucristo y, por lo mismo, manifestación de la propia y más íntima verdad, pues “penetra hasta la división del alma y del espíritu, hasta lo más profundo del ser y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb 4,12).  
 

RESUMEN

*imagen tomada y editada de www.ocarm.org

 

 
     
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